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El "sketchbook": Detenerse a observar para poder ver.

Por Coral de Rus, profesora y directora de Escuela Iona


Dibujar para mí es más que un simple acto creativo; es un reflejo de mi vida, un diario visual que registra momentos, emociones y experiencias. Mis "sketchbooks", o (libro de bocetos), capturan los pequeños detalles que conforman mi día a día. Son, indudablemente, una parte imprescindible de mi proceso creativo.


Realizar bocetos  va más allá del simple hecho de plasmar lo que observo frente a mí. Consiste en concentrarme en el momento presente y capturar los detalles. Para ello, utilizo el famoso recurso de “soltar mano”, una técnica basada en liberar el control meticuloso sobre los trazos y permitir que la mano se mueva con libertad y fluidez. Dibujar sin centrarse en los detalles, te invita a dejar de lado la obsesión por la perfección y enfocarte en la expresión y la creatividad. Cuando empleamos esta técnica, no tratamos de descuidar o de faltar a la precisión, sino más bien de encontrar un equilibrio entre la representación fiel y la expresión artística. Al soltar la mano, encuentras un espacio para la interpretación y la experimentación.





No sólo dibujo lo que veo, sino que lo grabo en mi mente y pinto lo que más llama mi atención, ya sea un color, una forma o una sensación. Detenerse a mirar implica ver lo que nos rodea: los juegos de luces y sombras, los matices de los colores, las sutilezas de las formas. Es una conexión estrecha entre el entorno exterior y la expresión artística. Estos elementos internos y externos se entrelazan y el resultado final son trazos muy libres y espontáneos. Lo más importante para mí es capturar la cotidianidad: esos pequeños detalles de la vida diaria que a menudo pasan desapercibidos, y darles la importancia que merecen, ya sea de viaje en un lugar recóndito en mitad de Indonesia  o en una tarde de dominó con mis abuelos.


Estos diarios  son mucho más que simples registros artísticos. Son narraciones detalladas de mis experiencias alrededor del mundo. A través de estos bocetos, no sólo capturo  lo que observo, sino que también escribo nombres de calles, ( que a los dos minutos olvidaría, ya que retener este tipo de información no es lo mío), peculiaridades culturales y, quizás lo más valioso, historias de las personas que habitan en esos lugares.


Gracias a este recurso puedo transcender las barreras del idioma. En ocasiones, me ha permitido comunicarme con personas que de otra forma habría sido imposible, (por suerte Internet no llega aún a todos los lugares del mundo y sólo puedes comunicarte con tu creatividad). Los dibujos en estos casos se convierten en un puente que conecta nuestras experiencias creando un lenguaje universal que trasciende las palabras. Es sorprendente cómo algo tan básico como la primera forma de representación que aprendemos desde pequeños puede abrir puertas hacia la comunicación más allá de las fronteras lingüísticas.


Al fin y al cabo, estos dibujos son mi visión personal del mundo, es como sumergirme en la esencia de cada instante. Requieren detenerse, desacelerar y aprender a observar con una mirada más profunda. Conectar con el mundo que me rodea.

Todo este proceso para mi es una herramienta indispensable cuando llega el momento de crear una obra. Todos estos pensamientos, vivencias y experimentos se convierten en el punto de partida desde el cual surge la creatividad.

 



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