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El desnudo en el arte: De lo sagrado a lo íntimo

Por Beatriz Tapia, profesora en Escuela iONA



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Desde los albores de la civilización, el cuerpo humano ha sido uno de los grandes protagonistas de la creación artística. El desnudo, más que una representación literal, ha servido como símbolo de belleza, poder, fertilidad, vulnerabilidad, deseo y trascendencia. Lejos de ser una mera exposición del cuerpo, ha reflejado los valores, tabúes y aspiraciones de cada época.


Fig.1. Venus de Willendorf

(Paleolítico superior)


En el arte clásico, especialmente en Grecia y Roma, el desnudo tenía una función idealizadora. Las esculturas mostraban cuerpos perfectos que no pertenecían a individuos concretos, sino que encarnaban ideales: la fuerza, la armonía, la divinidad. El desnudo era noble, incluso sagrado. El cuerpo era tratado con respeto, como una obra perfecta de la naturaleza y de los dioses.


Fig.2 Venus de Milo Fig.3. Apolo de Belvedere


Durante la Edad Media, en cambio, el cuerpo desnudo se cubrió de pecado. En este contexto moral y espiritual de la época se impuso una mirada moralizante, y el arte relegó el desnudo a escenas del Juicio Final o del pecado original, cargándolo de culpa y castigo. La carne ya no era símbolo de perfección, sino de fragilidad humana. En este período las representaciones de desnudez pasan a ser un recordatorio de la naturaleza, debilidad y todos los males que aprisionan al hombre y le impiden llegar a Dios. Su representación se encuentra tanto en pinturas como en relieves y esculturas de iglesias y estructuras medievales.


Fig. 4. Exhibicionistas de la Iglesia de San Pedro de la Tejada (Burgos)


El Renacimiento recuperó el interés por el cuerpo y la anatomía, pero también por el mito, lo simbólico y lo alegórico. Venus, Adán, Eva, ninfas y héroes volvieron a poblar lienzos y esculturas, permitiendo al desnudo volver a la escena, esta vez envuelto en una sensualidad contenida, intelectualizada. En representaciones religiosas el cuerpo se convirtió en un espacio donde lo humano y lo divino dialogaban.


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Fig. 5. La creación de Adán de Miguel Ángel (Capilla Sixtina)


En el Barroco, el Rococó y el Romanticismo, el desnudo adquiere nuevas dimensiones expresivas: ya no se concibe únicamente como ideal clásico, sino que se carga de dramatismo, sensualidad y subjetividad. En el Barroco, la intensidad de la luz y la teatralidad realzan la corporeidad y la tensión emocional; en el Rococó, el desnudo se vuelve más íntimo, lúdico y erótico, ligado a la frivolidad y el placer de los sentidos; mientras que en el Romanticismo se explora desde una mirada más personal y emotiva, donde el cuerpo puede ser vehículo tanto de deseo como de angustia o melancolía


A partir del siglo XIX y especialmente con el nacimiento del arte moderno, el desnudo ya no necesita excusas mitológicas: aparece en su dimensión más humana, con todas sus imperfecciones, deseos, angustias y placeres.


Fig. 6. Susana y los viejos, de Artemisa (1610) / Fig. 7. Las tres gracias, de Rubens (1630-1635) / Fig. 8. La venus del espejo (1644-1648)


Fig.9. La maja desnuda, de Goya (1797-1800) / Fig.10. La bañista de Valpinçon, de Dominique Ingres (1808) / La muerte de Sardanápalo, de Delacroix (1827)


En los siglos XX y XXI, los artistas han explorado el desnudo desde múltiples ángulos: lo erótico, lo político, lo feminista, lo conceptual... El cuerpo ya no es solo objeto de contemplación, sino también sujeto de experiencia. Se representa no solo desde fuera, sino también desde dentro, desde la vivencia personal y colectiva. Hoy, el desnudo puede ser belleza o denuncia, celebración o resistencia.



Matisse, Sorolla, Picasso, Dalí, Freud, Saville (entre muchísimos otros)

no iban a ser menos


A pesar de los avances, el desnudo sigue siendo objeto de debate, censura y malentendidos. Su representación en el arte es aún incomoda a veces, lo cual nos recuerda que el cuerpo —lejos de ser neutral— es un campo de tensiones culturales, sociales y emocionales.


Estudiar el desnudo en el arte es, en el fondo, estudiar cómo cada sociedad se ha mirado a sí misma. El cuerpo desnudo revela tanto de quien lo pinta como de quien lo observa.

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