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El arte del Kamishibai

Por Silvia Barba Peiro, profesora en Escuela iONA



El kamishibai es una palabra de origen japonés  y está vinculada a los templos budistas del siglo XII, donde se usaban emakis, pergaminos que combinan imágenes con texto para contar historias y transmitir enseñanzas. Se hizo más popular entre los años 1920 y 1930. Su nombre significa “teatro de papel”. A primera vista puede parecer un recurso modesto, pero su verdadera fuerza reside en la manera en que el acto de contar se transforma en una experiencia artística compartida con el público. 


Está compuesto por una estructura con forma de escenario donde resaltan principalmente dos elementos: un butai que es un teatrillo de madera o cartón con tres puertas, y un conjunto de láminas ilustradas. Las láminas presentan una imagen a color en una cara para el público y el texto de la historia en el reverso para el narrador el cual lo va leyendo en voz alta mientras los espectadores contemplan los dibujos. El gaito kamishibaiya o cuentista, se paseaba por las aldeas y pueblos de Japón y mediante una señal acústica con un instrumento musical de madera llamado hyoshigi, avisaba a campesinos, niños y adultos de que iba a comenzar su actuación. 




Cada lámina del kamishibai, es una composición pensada no solo para ser observada, sino para funcionar dentro de una secuencia narrativa. El artista debe considerar el encuadre, el color, el ritmo visual y la claridad expresiva. A diferencia de una ilustración aislada, aquí cada imagen se comunica con la anterior. De esta manera, se controla el momento exacto en que aparece cada ilustración, y ese gesto de deslizar la lámina, funciona como un recurso dramático generando más tensión y expectativa. Por lo tanto, el tiempo se convierte en un elemento artístico dentro de este teatro de papel. 


Su carácter artesanal al ser creado con papel, tinta y madera, conecta con las tradiciones artísticas. El cine y el cómic también influyen en este pequeño teatro, pero con una diferencia esencial: el proceso es físico y visible. Las imágenes deben ser legibles a cierta distancia y comprensibles con una sola mirada, lo que obliga al artista a simplificar las formas y priorizar lo esencial. El uso estratégico del color puede resaltar ciertas emociones, como también dirigir la atención en momentos clave de la historia. Otra expresión artística con la que se le relaciona es la performance. La voz del narrador aporta matices emocionales, crea atmósferas y establece un vínculo directo con el público. El arte no siempre es un objeto fijo, puede ser un lugar de encuentro entre personas.




Actualmente muchos creadores reinterpretan el kamishibai como un laboratorio artístico. Se experimenta con estilos gráficos actuales, collage, texturas o narrativas más abstractas. Estas reinterpretaciones muestran que el formato no es algo que quedó solo en el pasado, sino un medio flexible capaz de dialogar con lenguajes visuales modernos. El kamishibai demuestra que la innovación artística no siempre depende de la tecnología.

También es utilizado en educación y actividades culturales para fomentar la lectura, la imaginación y la interacción social. 



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