EL COLOR NO EXISTE


Hace un par de fines de semana me acercaba a la flamante y reformada estación de Gran Vía para visitar la exposición El Color, en Fundación Telefónica. Con un título tan atractivo, (sobre todo para quien habla del tema a diario), fue inevitable ir cargada de altas expectativas. Ya en la cuarta planta del edificio se podía observar el reluciente rótulo sobresaliendo en colores neones sobre la oscuridad de la amplia sala. En primera instancia se observan diferentes prismas de cristal de los que surgen los colores del arcoiris. El famoso descubrimiento de Newton en el que se desvela que sólo existe la luz, que los colores son una modificación de la propia luz, una mera ilusión. Resulta difícil de creer que el color no existe, o al menos no de forma objetiva/científica teniendo en cuenta la variedad y la riqueza de su aportación. En todos los ambientes laborales y cotidianos resulta un factor fundamental, algo que siempre está presente y sin embargo, no existe. Un engaño de nuestros ojos. Y qué buen engaño.


Según me iba adentrando en los diferentes espacios me venían a la mente consultas pasadas de alumn@s, pequeños y mayores. A menudo surgen dudas sobre cuáles son los colores primarios. Hay quien comenta que el rojo es uno de ellos y no el magenta. Que un profesor se lo ha comentado en clase. Y es que es muy frecuente confundir los colores luz con los colores pigmento (nuestros protagonistas en la escuela). Hay dudas sobre cómo conseguir unos colores o los otros, sobre qué es la saturación, los colores complementarios o el valor tonal. La mayor parte de estas dudas se resolvían de forma muy visual por medio de numerosas pantallas y vitrinas que se disponen a lo largo del recorrido mientras yo pensaba irremediablemente en lo estimulante que podía resultar esta visita para l@s alumn@s.




Luz blanca descomponiéndose en colores



Llegó el lunes y comencé a comentar en mis clases las anécdotas o detalles más llamativos de la exposición, recomendado su visita. Me había quedado con la sensación de no poder trasladar con exactitud todo lo que había visto y con la esperanza de que algun@s de ell@s se acercarán al corazón de Madrid para conocer con profundidad lo que les había contado. Resultó que en muchas clases fue toda una sorpresa conocer que el color no existía. Hubo caras de estupefacción, de incertidumbre sobre algo que se consideraba muy seguro. Cómo iba a ser eso posible si todos los días les hablaba del magenta, del azul o del amarillo. Si todo lo que vemos tiene color o parece tenerlo. Si cada alumn@ tiene unca camiseta de diferente color y distinguimos las diferencias, ¿cómo no va a existir? Supongo que algun@ llegó a plantearse qué hacía en clases de pintura si realmente los colores no existen. "Estaré pintando todo de blanco y yo no lo veo", fue alguno de los comentarios del momento. O "cuando vaya al colegio le voy a contar esto a toda la clase y verás qué cara van a poner". Hubo también comentarios de lo más dramáticos "¿Qué sentido tiene la vida si no tiene color? "Fue como vivir la caída de una certeza, una sacudida directa a la sensación de seguridad y la consiguiente instalación de la incertidumbre. Pero plantearse las cosas, dudar de lo que consideramos certezas, siempre es positivo. Abre puertas a muchas posibles realidades. Es creativad. Si algo que nos fascina tanto como el color es un engaño, disfrutemos del engaño lo máximo posible.



Lucía Ares,

profesora en arte iONA





Fuente imagen:

https://www.tusclasesparticulares.com.ec/blog/color-existe-aqui-demuestro


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