Hammershøi: El ojo que escucha
- Escuela de Arte iONA
- 5 may
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Por Lucía Ares, profesora en Escuela iONA
Adentrarse en el mundo de Hammershøi es abrirse ante un artista minucioso, obsesionado con la composición, con el juego entre líneas arquitectónicas y por supuesto, enamorado de la luz. En su obra se reiteran los espacios interiores, los salones, a menudo vacíos, otras veces habitados por su mujer, Ida Illsted, y otras personas que aparecen casi siempre de forma secundaria. Aunque lo más frecuente es encontrarse la silueta oscura de Ilda, al fondo del pasillo, centrada en alguna tarea hogareña o incluso, situándose de espaldas al espectador. Observando cómo se reiteran estos datos en sus pinturas, resulta claro llegar a la conclusión de que para Hammershøi el protagonismo, o su interés, recae sobre su personalísima representación del paisaje sobrio que conforman los muebles, el suelo, las puertas y ventanas de una sala de estar del siglo XIX.
Es muy posible que buscase también retratar de alguna manera el silencio y la soledad, pues casi siempre le otorga mucho protagonismo al suelo de los espacios, a la profundidad, a la generación de planos que se van alejando hacia el fondo del lienzo haciéndose más y más lejanos. A menudo me hace pensar en la composición que surge de una cámara de seguridad. Presente, pero distante, como un ser que se sitúa durante horas y horas en el mismo lugar, al fondo del espacio, simplemente observando. Las composiciones de Hammershøi hacen cómplice al espectador de su peculiar intimidad o de la intimidad del espacio que habita.
A continuación comparto contigo algunas de sus características pinturas:




Como puedes comprobar, la paleta de Hammershøi está vacía de artificio, carente de fuertes contrastes, de colores vivos, de calidez,etc...es tan sobria, tan gris, tan marrón y azulada como los cielos de su Dinamarca natal. El lenguaje de este particular cazador de luz se encuentra lejos de buscar un impacto. Su pintura más que gritar, susurra; rebosa elegancia, sutileza y reflexión. Su obra se presta más al silencio que a los comentarios. Y por esto mismo creo muy acertado el título de la exposición “Hammershøi, el ojo que escucha”, que aún tienes la oportunidad de ver (y que te recomiendo muy mucho) hasta el 31 de mayo en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Ya me contarás qué te parece.





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