DICIEMBRE: Creatividad con comida hacen la Navidad más divertida!
- Escuela de Arte iONA
- 22 dic 2025
- 3 Min. de lectura
¡Ay, cómo nos gusta este mes! (y no solo por las vacaciones)
Los alumnos esperan ansioso la actividad relacionada con la Navidad y siempre intentamos sorprenderles, y este año no no iba ser menos!
Para este mes de diciembre hemos pensado en lo que más nos gusta en el mundo después de pintar... ¡comer! Y es que en estas fechas uno empieza enero con unos cuantos kilitos de más ¿o no?
Pues por este motivo hemos decidido darle protagonismo a las comilonas y todo social y familiar que ronda alrededor de una buena cena navideña. Y si pensabais que encontrar a un artista de referencia iba a ser difícil, estáis equivocados porque lo hemos encontrado rapidísimo. Nuestro artista del mes es... ¡Carl Warner!
Se trata de un artista británico capaz de convertir algo tan cotidiano como la comida en paisajes que parecen sacados de un cuento. Aunque hoy es conocido en todo el mundo por sus increíbles “Foodscapes” (ahora os contamos, tranquilos), su camino comenzó mucho antes, cuando de niño descubrió que le encantaba dibujar y observar cada detalle del mundo que le rodeaba. Esa curiosidad lo llevó a estudiar Ilustración en el Maidstone College of Art, donde aprendió a diseñar, componer escenas y desarrollar ideas visuales. Sin embargo, durante su formación descubrió que su verdadera pasión era crear mundos completos y jugar con la luz, así que poco a poco fue orientándose hacia la fotografía, donde encontró la mezcla perfecta entre técnica y creatividad.
A lo largo de su carrera como fotógrafo publicitario, Warner desarrolló una mirada muy particular, capaz de imaginar montañas, bosques o mares allí donde otros solo ven verduras, pan o frutas. De esa forma nació su proyecto más famoso: los Foodscapes, paisajes construidos íntegramente con alimentos. Su proceso creativo siempre empieza con un boceto hecho a mano, como si estuviera diseñando el decorado de una película. A partir de ahí, comienza a construir la escena físicamente en su estudio, colocando cada alimento como si fuera una maqueta. Un brócoli puede convertirse en un árbol, una loncha de salmón en un cielo al atardecer y unas patatas en una cadena montañosa. Nada se deja al azar: cada pieza está medida, cortada y colocada con enorme precisión.
Una vez montado el escenario, Warner ilumina cada elemento como si estuviera fotografiando un paisaje real. Su experiencia en publicidad le permite recrear luces de amanecer, sombras suaves o reflejos que hacen que el resultado final parezca totalmente natural. Para evitar que los alimentos se estropeen, fotografía la escena en varias partes y luego combina estas imágenes en el ordenador, no para inventar elementos nuevos, sino para integrar mejor lo que ya existe físicamente. El retoque digital es solo la última pincelada en un proceso profundamente artesanal. Así que ¡no! ¡no es IA!
Lo más fascinante de su obra es la forma en que nos invita a mirar la realidad desde otra perspectiva. Donde nosotros vemos ingredientes, él ve posibilidades infinitas. Su trabajo anima tanto a niños como a adultos a observar más, jugar con la imaginación y descubrir que el arte puede aparecer en cualquier lugar, ¡incluso en una nevera!
Así que nosotros hemos tomado ese dato y nos hemos puesto a jugar con la comida, metafóricamente claro. Y hemos hecho cosas tan divertidas como las que os compartimos a continuación. Esperamos que os gusten.
¡Feliz Navidad!











































































































Comentarios