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SEPTIEMBRE: La vuelta al cole a todo color con Anna Ortiz de inspiración.

hace 10 minutos
2 min de lectura

¡Qué tal querid@s alumn@s!

Esperamos que hayáis descansado estas vacaciones y vengáis con las pilas bien cargadas porque este curso promete ¡y mucho!


Para empezar este curso, hemos comenzado septiembre inspirándonos en la artista Anna Ortiz, una pintora mexicano-estadounidense cuya obra nos ha transportado a paisajes llenos de cactus, plantas, montañas y escenarios que parecen sacados de un mundo fantástico.


Anna Ortiz creció entre Estados Unidos y México, y su relación con la cultura y los paisajes mexicanos está muy presente en su trabajo. En sus pinturas podemos encontrar referencias a la naturaleza, a la cultura maya y azteca y a esos paisajes que mezclan lo real con un toque imaginario.

Pero si hay algo que nos ha llamado especialmente la atención de su obra es su forma de utilizar el color.



La artista no necesita llenar sus cuadros de muchos colores diferentes para conseguir paisajes llenos de vida. La mayoría de veces trabaja a partir de una gama muy concreta y reducida jugando con sus diferentes valores tonales para conseguir profundidad, volumen y luz. Lo que más destaca es la combinación de estos tonos creando sensaciones frías y cálidas, es decir, jugando con lo que técnicamente denominamos temperatura del color.

Y precisamente de ahí hemos partido en nuestros talleres.


Este mes hemos estado experimentando con el círculo cromático para descubrir las diferencias entre las gamas frías y cálidas y comprobar cómo cambia un paisaje cuando utilizamos unos colores u otros.

Hemos reducido nuestra paleta y nos hemos propuesto un pequeño reto: crear nuestros propios paisajes utilizando principalmente colores fríos o colores cálidos.


A través de este ejercicio hemos descubierto que no hace falta utilizar todos los colores del arcoíris para conseguir un resultado interesante. Cambiando simplemente la intensidad y la luminosidad de unos pocos colores podemos conseguir sombras, volumen, profundidad y diferentes ambientes.


Y, por supuesto, cada alumno ha llevado la propuesta a su propio terreno, creando paisajes llenos de personalidad.

Así, entre cactus, plantas, montañas y colores cálidos y fríos, hemos comenzado el curso descubriendo una idea muy sencilla pero muy importante: el color también puede contarnos cosas. Puede hacernos sentir que estamos en un lugar cálido y soleado, en un paisaje misterioso y frío o incluso romper la lógica del color utilizado con lo representado para darle un toque contradictorio y loco.

¿Por qué un desierto no puede pintarse con tonos fríos? ¿No?



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