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Dibujar para recordar: un viaje a China a través de mis cuadernos

hace 13 horas
2 min de lectura

Por Nerea Sánchez, profesora en Escuela iONA



Viajar suele consistir en intentar verlo todo.


Se dice que el deporte del turismo es el más cansado porque no paras ni un segundo.

Para mí, el disfrute de viajar comienza en detenerme para poder observar detenidamente lo que tengo delante de mí y para eso tengo que priorizar y asimilar, que no voy a poder ver absolutamente todo un lugar, pero que voy a disfrutar muchísimo más de los sitios a los que vaya si me detengo a mirar.


Una forma de turismo que me encanta es llevar un pequeño cuaderno de bocetos en el

bolsillo junto con un bolígrafo y tomar apuntes de las cosas que me llaman la atención.

En este caso quiero hablar de mi último viaje. Este verano tuve la suerte de poder visitar

China, un lugar muy diferente de los que suelo estar.


Durante el viaje hice fotografías, recorrí calles, visité templos, atravesé ciudades y me

encontré con paisajes completamente nuevos para mí. Pero hubo momentos en los que

sentí la necesidad de hacer algo diferente, más calmado, que me mantuviese en el aquí

y el ahora : sentarme y dibujar.








Cuando viajas quieres verlo todo; las ciudades, los edificios, la naturaleza, las personas… Todo sucede deprisa y parece que siempre hay algo más que descubrir.

Dibujar en cambio me obligaba detenerme.


Al sacar el cuaderno, dejaba de mirar las cosas de pasada. Empezaba a fijarme en las

formas de los tejados, en las ramas de los árboles, en cómo se mezclaban los colores,

en la manera en la que una persona caminaba por una calle o en cómo la luz transformaba un paisaje.


La idea de estos dibujos no era hacer algo perfecto ni representarlo exactamente como

es, se trata de capturar la esencia que tus ojos ven. Por lo tanto, mis dibujos no

pretendían ser fotografías de China. Son pequeñas interpretaciones de cómo la estaba

viendo yo en ese momento.


Todos conservan algo que una fotografía no puede guardar de la misma manera: el

tiempo que pasé observando, como yo me sentía en ese momento, el trazo diferente en

cada dibujo, el que estuviera completo lo hubiese logrado acabar, la esencia en sí.

Cada dibujo contiene algo que me llamó la atención, una sensación que quizá no supe

explicar con palabras.


Lo bonito de esto es, que ahora en casa al volver a mirar mis cuadernos, China aparece

de una manera diferente. Ya no son solamente lugares que recuerdo haber visitado. Son colores, formas paisajes y pequeños momentos que quedaron atrapados entre las

páginas. Porque se me hace mucho más fácil recordar lo que pasó en ese preciso

momento, en ese día, viendo mis dibujos que viendo una simple fotografía.


En consecuencia, tengo unos cuadernos de viaje que tienen una reflexión artística y un

diario personal que me ha permitido observar, conectar y guardar momentos de una

forma muy especial y que agradeceré poder mirar cuando los años pasen.


Por eso, a todo el mundo le recomiendo que cuando viaje se lleve un cuaderno chiquitito para poder pararse, detenerse y obligarse a mirar detenidamente lo que tiene delante, porque muchas veces pasamos por alto cosas que cuando dibujamos podemos

inmortalizar para siempre.






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