Pintura y música: Hermanas artísticas


A mi modo de entender es clara la interrelación existente entre todos los campos artísticos. Todas las artes están conectadas. Son los mismos códigos que se transmiten a través de diferentes lenguajes y que son especialmente percibidos por unos sentidos sobre los otros. Muchos artistas a lo largo de su trayectoria han desarrollado sus capacidades creativas en los diferentes campos artístico. De la pintura al cine, de la música a la pintura, de la pintura a la música y así podríamos continuar con todas las ramas. Son muchos los tratados, los ensayos y escritos estetas sobre estas interrelaciones entre las artes. Uno de los más conocidos es la teoría estética del considerado padre de la abstracción, Wassily Kandinsky, en el que habla de la sinestesia para relacionar colores y formas con tonos y vibraciones auditivas.


«Los violines, los profundos tonos de los contrabajos, y muy especialmente los instrumentos de viento personificaban entonces para mí toda la fuerza de las horas del crepúsculo. Vi todos mis colores en mi mente, estaban ante mis ojos. Líneas salvajes, casi enloquecidas se dibujaron frente a mí”

Kandinsky, 1913 (Ed. 1982, p. 364).


En algunos casos, este parentesco entre artes, esta relación entre sentidos llega a integrarse tanto que ni siquiera es necesaria la explicación teórica, ya que es percibida físicamente. Es el caso de las personas que tienen una capacidad excepcional en cuanto a los sentidos se refiere: las personas sinestésicas. Quienes conviven con la sinestesia auditivo-visual, también conocida como chromestesia, como el propio Kandinsky, poseen la capacidad de ver un color cuando escuchan un sonido o de escuchar un sonido al observar un color.



Composition VII, Wassily Kandinsky



Personalmente suelo recurrir a la música cuando trato de explicar cómo funcionan los códigos de la pintura o el dibujo, especialmente cuando surge el controversial tema de la pintura abstracta. Hablamos de composición, de armonía, de ritmos, de silencios, de tonos, de textura, etc. Incluso se dice que el timbre musical es el color de la música. En el momento de componer una imagen debemos tener en cuenta qué elementos (formas, colores) tienen más peso visual. Debemos pensar en si lo que queremos es crear un balance, un equilibrio en el lienzo o por lo contrario, un caos, un estruendo pictórico. Cada color tiene un peso visual, al igual que cada nota musical se percibe de una forma u otra. Cuando hablamos de armonía cromática en pintura hablamos de la interacción de los colores que se distribuyen en el lienzo, tal y como se relacionan los acordes en una composición musical. El término ritmo parece más propio de la música, sin embargo también es fundamental en la pintura. Hablamos de ritmo cuando, por ejemplo, generamos repetidas pinceladas de un mismo tamaño o hacia una misma dirección. También el silencio, tan aparentemente perteneciente al sonido tiene su interpretación en la pintura. Si por ejemplo imaginamos un lienzo o la superficie de un papel en la que hay representadas varias figuras y observamos una zona resuelta con tan sólo un plano de color o incluso con el papel o el lienzo en blanco, estaremos hablando de un silencio pictórico, ya que en ese espacio no se suceden pinceladas, desaparece o se detiene lo que definíamos como ritmo.


La pintura en sí misma tiene un sentido propio. No necesita de una temática. Es más, me atrevería a decir que para gran parte de los pintores, incluso los pintores pertenecientes a etapas clásicas, la temática es algo secundario. Lo que realmente busca el artista es la forma, el color, la composición, la textura, la luz, el ritmo, o lo que podemos denominar como la musicalidad de la pintura. Cuando observamos y admiramos una flor, no lo hacemos por el significado, por el hecho de saber que es una flor, lo hacemos por su color, por su forma, por lo que perciben nuestros sentidos. Cuando escuchamos canciones en un idioma que no dominamos, o incluso cuando escuchamos a otras personas hablar en italiano, en japonés, en francés, etc. Causa en nuestros sentidos una impresión, simplemente por su sonoridad, sin necesidad de entender lo que allí se está comentando. Así funciona la pintura. Cuando escuchamos una pieza de música clásica, carente de letra, con un título abstracto, sin significado, nos emocionamos igualmente por cómo percibimos la armonía, la composición....es exactamente el mismo funcionamiento que tiene la pintura, pero con diferente lenguaje. La pintura por sí mismo tiene un gran valor, no necesita de una letra, o de un título, de un concepto.



Lucía Ares,

profesora en Escuela iONA






Fuentes:

https://lacarnemagazine.com/sinestesia-sonido-color-sentimiento-kandinsky/






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