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Cuenca: Historia y abstracción

Por Lucía Ares, profesora en Escuela iONA



Puede que Cuenca no esté incluida en tu lista de destinos exóticos a visitar, pero esta pequeña ciudad histórica esconde numerosos encantos, además de su monumental catedral y sus cientos de rincones entrañables.  Y es que Cuenca alberga una pequeña joya del arte contemporáneo entre paredes centenarias. La más destacada de sus famosas casas colgadas, presente en todas las postales panorámicas de la ciudad, resulta ser un museo de arte abstracto de lo más interesante y renombrado. El primer director del MOMA de Nueva York, Alfred Barr, lo consideró "el museo más pequeño y bello del mundo".


Entenderás el porqué de esta reseña en cuanto pongas un pie en el interior de esta peculiar edificación. Por fuera, te encontrarás con una tradicional muestra de arquitectura de la zona, la fachada con sus balcones voladizos de madera que se precipitan sobre la hoz del río Júcar. Pero el interior de esta histórica casa nos muestra lo más puntero del arte abstracto español de aquellos tiempos ( años 60). Los espacios interiores son diáfanos, abiertos, apenas dejan un atisbo de la "ruralidad" exterior que envuelve estas salas abiertas y pulcramente despejadas, revestidas de la sofisticada y elegante sencillez del mármol travertino. Muchos visitantes se adentran en este espacio fantaseando con la posibilidad de vivir allí, y es que no es necesario un especial interés en las piezas que se allí se exhiben, el lugar se presta al disfrute, al descubrimiento de unas estancias que sorprenden no sólo por su belleza, sino también por su amplitud y su distribución.




Fachada del Museo de Arte Abstracto Español, con sus balcones de madera



En cuanto a la parte plenamente expositiva, diría que se trata de una muy buena muestra de arte abstracto de las vanguardias del siglo XX. Allí podremos observar piezas de los que ya son ya todos unos clásicos íconos de la historia de la abstracción de nuestro país como Tápies, Millares, Saura….y al que sin duda es uno de mis artistas favoritos , que además es el fundador y responsable de la existencia de este especial museo: el filipino Fernando Zóbel.


A menudo pasamos de puntillas para hablar de arte abstracto, se convierte a veces en una tarea compleja para iniciar a los más desconfiados, pero si tuviera que buscar un ejemplo para dignificar el arte abstracto, sin duda Zóbel sería mi elección.

En la obra de Zóbel podemos observar años de estudio minucioso en torno a la composición. Nada es arbitrario en su pintura. Cada detalle de lo que parece un trabajo desarrollado en brevedad de tiempo esconde todo un recorrido de sintetización. Elementos complejos traducidos en inteligentes gestos expresivos. Zóbel estudia de forma concienzuda dónde ubicar cada sutil línea, cada trazo oscuro y cada pequeño y clave haz de luz. Es un amante de la caligrafía oriental, del trazo justo y necesario. Sus pintura son como aquel sabio que apenas habla, pero que cuando lo hace muestra el camino más lúcido.



"La linterna"- Fernando Zóbel (1924-1984)




"La vista XXVI", Fernando Zóbel (1974)



Uno de los numerosos estudios previos de Zóbel. En este caso, de la obra que tenemos sobre esta imagen



Hace tan sólo unos meses podíamos disfrutar de sus bellezas compositivas, sutiles, etéreas, difusas, en una exposición temporal en el Museo del Prado. Aquellas obras fueron trasladadas directamente desde Cuenca a Madrid, para volver a reposar en la pequeña joya-museo del que os estaba hablando. He leído que próximamente volverán a trasladar algunas de estas piezas a la capital (lugar). Te invito a visitar la exposición, aunque no te voy a negar que lo ideal es que busques cualquier excusa para visitar el lugar del que te he estado hablando. Aquí te dejo una pequeña muestra para abrir el apetito.








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