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Y yo, ¿ para qué dibujo?

Por Paula Rodríguez, profesora en Escuela iOna



Esta es una de las muchas preguntas que me hago cuando estoy delante del papel. A lo largo de mi vida he sentido placer en el acto de dibujar o pintar, y a medida que he ido creciendo me he hecho preguntas como estas. Me he cuestionado algunas veces porqué me gusta, cómo hacerlo mejor, si les gustara a los demás o si me gusta a mí misma el resultado, si lo hago bien o lo hago mal. También, he terminado un dibujo y muchas veces me he preguntado ¿ y ahora qué hago con ello?


Hoy voy a tratar de dar respuesta a esta ¿Para qué dibujo?

A veces pienso… si un día viniera en una nave un ser de otro planeta y me preguntara qué es dibujar y para qué lo hago ¿Qué le diría? (Los niños también acostumbran a hacer estas preguntas y los adultos nos quedamos sin respuesta).





Para responder a esto me ayuda pensar en ellos, y en concreto en mí misma de niña. Recuerdo que dibujar ocurría como un acto espontáneo y natural, diría que casi hasta por pura necesidad. Entonces pienso en mis primeros garabatos con una cera, eso era la primera marca de lo que soy en este instante, de lo que veo, lo que me gusta…y explorarlo a través de un material en un papel ocurría de forma fácil. Por eso me gusta pensar que dibujar es una forma de habitar, de recorrer y así, de crear.


¿Crear el qué ? Pues quizás una realidad que existe solo para mí, mi manera de percibir, de relacionarme con el entorno que me rodea, y al pasarla al papel, para que de repente pueda ser real también para otros.

Por eso me ayudaron mucho las palabras de Marisa y Ricardo Rodulfo citadas por López y Martínez (2006: 15) “la niña/el niño habita en el mundo a través del dibujo” al mismo tiempo que se habita a sí mismo en diferentes edades.


Al crear, generamos puntos de vista, nuestra propia vista o incluso varias encontradas en un mismo resultado. Dibujar podría ser una recopilación de todas estas experiencias, y por ende, como decía Picasso, una forma de llevar un diario de nuestra vida.


Viendo esto, pienso en la respuesta que le daría a ese extraterrestre. Las palabras de Cao y Díez (2006: 16) me ayudan ya que para ellas el ser humano, siente una necesidad de “dejarse una parte de sí en el mundo y para el mundo, transitar en el mundo a través de su mirada y rendir a través de su mano y su cuerpo, el resultado de la operación de ver, conocer y sentir” En resumen, es una manera de hacer visible lo invisible. De pronto el dibujo aparece para abrir ventanas, sacudir alfombras y vaciar armarios. Da vida a algo que antes no existía o sólo lo hacía dentro de mí y ahora está fuera.


Por ello, considero que el dibujo va más allá de la representación concreta de una imagen, es sin duda un lugar en el que el ser humano deja huella de lo que es y vive de forma única. Y por eso es tan importante recordar el para qué del dibujo, y tratarlo con el respeto que merece tanto de niños como adultos. Ya que al ser una manera de expresión personal puede que aparezcan miedos y la vergüenza. En el fondo no dejan de ser nuestros “yo” niños los que están pintando y se enfrentan de nuevo a sacar nuestras creaciones al exterior.


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