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Teoría del color, la asignatura pendiente.

BEATRIZ TAPIA DE LAS HERAS

Profesora titular de la escuela iONA



Qué importante es conocer la teoría del color, sus primarios, secundarios, complementarios, para qué sirven y... ¡Cuánto cuesta memorizarlos! A pesar de que lo más básico lo sabemos siempre hay algo que se nos escapa y nos complica la vida a la hora de mezclar.


Más allá de las habilidades propias que se tengan de manera natural o innata para dibujar o pintar, es necesario dominar la teoría.

Año tras año, como profesor@s, siempre nos concentramos en reforzar esos conceptos técnicos con diferentes ejercicios que ayuden asimilarlos mejor y saber ponerlos en práctica. Sin embargo, de entre todos aspectos “teóricos” que son necesarios aprender, hay uno que gana por goleada y que se hace bola entre el alumnado, la teoría del color.


Es curioso como algo tan visual, y que por ende se debería comprender mejor que otros conceptos más abstractos que explicamos, sea tan complicado de asentar en nuestras cabezas.


¿Cómo es posible que algo tan llamativo y cercano, incluso intuitivo, como es el reconocer los colores se convierta en toda una gymkhana?


La teoría es un dolor de cabeza en muchos casos. Produce inseguridad y miedo llegando incluso a evitarse hacer trabajos a color.


Después de todos estos años de profesora no tengo una explicación clara para que algo de estas características sea tan complejo de entender. Pero lo que sí puedo afirmar, es que todo reside en nuestra capacidad del "saber mirar".

¿Qué quiero decir con esto? Que tendemos a reproducir las cosas tal y como sabemos que son (o eso creemos) y no como las estamos viendo. Confiamos demasiado en nuestra memoria visual, la cual es más efímera de lo que nos pensamos.


Un ejemplo, que es una constante en las clases, es cuando hay que reproducir el tono de la piel. Sin querer, seguimos el instinto infantil que nos invade y nos limitamos a hacer un falso "carne". Sin embargo, si miramos bien, como por arte de magia aparecen matices, sensaciones verdosas, moradas y/o azules.


Incrédul@s nos miran nuestr@ alumnado cuando les decimos tal cosa. ¿Estamos locos? ¡Cómo vamos a poner azul en un rostro! Pues sí, y es una barrera que nos ponemos nosotr@s mism@s, de nuevo, al no saber mirar.


Os propongo un mini juego. Mirad la siguiente imagen:



Como primer estímulo y recurriendo a nuestra memoria, las montañas son marrones y la nieve blanca, ¿no es así?

Bien. Vuelve a mirar la imagen, ahora de verdad, y fíjate bien en los colores. ¿Qué ves?

Las montañas se antojan violáceas, no son tan marrones como pensabas, y la nieve se torna azulada y no tan blanca como creías saber.

El mirar bien nos permite identificar esos matices en los distintos tipos de color.


Hace unos cuantos meses, publicamos un artículo relacionado con el color y hablábamos de sensaciones (https://www.escuelaiona.com/post/el-color-no-existe). Esas sensaciones cromáticas son las que percibimos al observar bien y son las que nos proporcionan la clave para identificar el color, ese matiz que tiene cada cosa y que con ayuda de la teoría del color poder llegar a reproducirlo.












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