LOS MÉDICOS DEL ARTE

En cualquier disciplina, existen labores menos visibles o menos conocidas para la sociedad, pero no por ello menos importantes. Uno de los casos en el que se da esta situación es todo aquello que engloba la perdurabilidad de nuestro patrimonio, la figura del conservador y restaurador.


En ocasiones somos poco conscientes del privilegio que es que aun podamos ver los bisontes de Altamira, Los restos de Pompeya, La Mona Lisa, El David de Miguel Ángel, Las Meninas (Fig. 1), El Guernica, La Cibeles... Todo ello tiene un arduo y delicado trabajo detrás donde se encuentran implicados innumerables profesionales especializados en diferentes campos, y reunidos en equipos de trabajo multidisciplinares para salvar y conservar todo aquello que nos define como sociedad hoy en día.

. 1. Las MeninFigas, Velázquez 1656 (fotografía de EL PAIS)


La labor que realizan los conservadores y restauradores de nuestro patrimonio, sea de la naturaleza que sea, son los encargados de que este legado perdure en el tiempo y podamos seguir disfrutando de ello en el futuro.


Pero la conservación no se debe aplicar únicamente a lo que ya de por sí tiene cierta antigüedad, o presenta riesgos de deterioro. Es normal caer en el error de pensar que solo se ha de conservar y restaurar lo que nos supera en edad o consideramos "viejo" o visiblemente vulnerable al tiempo. La conservación no trata solo de eso. De hecho, en contexto de actualidad, aun sabiendo que nada es eterno, podemos empezar a paliar el deterioro desde el minuto uno de su creación pensando en la estabilidad de los materiales empleados, el lugar donde se encontrará y la responsabilidad de la sociedad que interactuará directa o indirectamente con ello.


Por ejemplo, uno de los problemas que se encuentran los conservadores y restauradores reside en el arte contemporáneo, donde se utiliza mucho la experimentación con materiales novedosos o mezclas incompatibles de técnicas para generar efectos diferentes que dotan de genialidad y originalidad a cada obra. Pero, la cara B de ese proceso creativo suele ser, por un lado, la incompatibilidad y consiguiente inestabilidad en los materiales, y por otro, el desconocimiento del tipo de envejecimiento de materiales nuevos, como por ejemplo los plásticos (Fig. 2 y 3), todo ello condiciona su perdurabilidad en el tiempo. Muchos artistas contemporáneos no dan importancia a este aspecto ya que buscan otros valores en sus trabajos, como la efimeridad. Pero otros tantos, estudian y trabajan con expertos en conservación de materiales para conocer los pros y contras de los materiales a usar antes de comenzar el proceso creativo y valorar cuánto y cómo va a afectar a nivel visual, estructural y conceptual a sus obras.

Fig. 2 y 3.

Deterioro de Model for 'Construction in Space "Two Cones", Naum Gabo 1927


Por otro lado, nosotros como sociedad, podemos ayudar a estos médicos del arte desde la responsabilidad individual, la educación y la sostenibilidad. Aunque ser conservador y restaurador es una profesión, la aportación más básica reside a nivel personal en cada uno de nosotros, respetando los monumentos, valorando y dando a conocer nuestro patrimonio y creando un entorno que reúna condiciones beneficiosas para su lucha contra el paso del tiempo aunque, insistimos, nada es eterno.



Beatriz Tapia,

profesora en la escuela de arte iONA

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